miércoles, 13 de diciembre de 2017

Giménez, tú eres Atleti

Como si de un atlético de cuna se tratara comenzaré hablando de José María Giménez. ¿Por qué? Porque es el vivo ejemplo de que sin haber nacido con sangre rojiblanca, tiene el escudo grabado en el corazón.

En la temporada 13/14, el charrúa llegó al Atlético de Madrid sin hacer ruido. Un jovencísimo Giménez debutaba ante el Almería en octubre de 2013, siendo ese año el más difícil para él puesto que solo jugaría un partido más. El muro formado por Godín y Miranda no daba oportunidad al resto de demostrar. A nadie se le olvidará esa defensa, pues con ellos se han vivido auténticos partidos de tranquilidad absoluta sabiendo que por ahí no pasaba cualquiera.

La marcha de Miranda al Inter, junto a su trabajo día tras día, hizo que Giménez fuera cogiendo más peso en el equipo, tanto deportiva como extra deportivamente hablando. Su constancia, trabajo y fácil adaptación a cualquier posición, tanto de la defensa como en el centro del campo, le ha llevado a ser importante con Simeone. Y de ahí a ser internacional con Uruguay.

El camino de Giménez no ha sido fácil desde su llegada. Si algo tiene el Cholo es que no regala la titularidad a nadie; no le valen nombres, solo trabajo y más trabajo. Le gusta que haya competencia en su equipo y valora los esfuerzos diarios por estar en el once inicial partido tras partido. Y de eso Josema, sabe. Se hizo fuerte en la defensa junto a Godín, pero la llegada de Savic, y el buen momento del de Montenegro, le hizo ponerse las pilas y trabajar duro para volver a ser indispensable.

Lo cierto es que, aunque no sea titular, no se oyen quejas por su parte. Está claro que todos los futbolistas quieren jugar el máximo de minutos posibles, pero en llevar su “inconformismo” más allá del vestuario está la diferencia entre profesionales.

Poco se le puede reprochar al uruguayo cada vez que se enfunda la elástica rojiblanca. Quizá su juventud le hace a veces ‘perder’ la cabeza en el terreno de juego, motivado por sus ganas de pelear. Su jerarquía, sacrificio y esfuerzo le han llevado a encontrar su lugar en el mundo. Es de los que derrocha rabia y entrega en cada uno de los segundos que está sobre el campo. Cuando las cosas no le salen como quiere, lo muestra con enfado; cuando el equipo está bajo de ánimo, alienta y en las buenas, aplaude a su gente, a su afición. Mira lo colectivo por encima de lo individual, no le gustan los halagos.

Se ha ganado el respeto y cariño de todos los rojiblancos, y viceversa. Llegó siendo una promesa y ahora es una realidad. La afición pide a gritos que Giménez se quede por muchos años más en el Atleti porque él es Atleti.

A tus pies, faraón


Con 1,85cm de estatura, procedente de Rosario (Uruguay) y con una cabeza que ha dado una de las mayores alegrías a esos que visten de rojiblanco en aquel mayo de 2014, se presenta: Diego Roberto Godín Leal, el jugador extranjero con más partidos en la historia del Atlético de Madrid.

A su llegada al equipo colchonero dijo que llegaba para dar “el cien por cien, tanto fuera como dentro del campo”. Y fijaos si ha sido así que a sus espaldas porta una Supercopa de Europa, una Supercopa de España, una Europa League, una Copa del Rey y una Liga, que él mismo dio al equipo con ese gol de cabeza en el Camp Nou.

El 30 de agosto de 2010 debutó ante el Sporting de Gijón con Quique Sánchez-Flores en el banquillo, pero esa no fue su mejor temporada. Con Manzano tampoco terminó de arrancar. Pero su situación cambió -como casi todo- con la llegada de Simeone al banquillo. El técnico argentino depositó toda su confianza en Godín que veía como la titularidad era suya temporada tras temporada. Ha llegado a consolidarse como uno de los mejores defensas del mundo, y las ofertas millonarias por el central charrúa, llegan, se escuchan y se rechazan.

Pilar fundamental dentro del campo, pero también fuera. Se ha ganado el respeto, cariño y admiración de todo el club, de su afición y de sus compañeros. En la 14/15 empezó a formar parte de la capitanía del Atlético de Madrid y desde entonces no se ha bajado del barco. Ni lo hará. Para su entrenador, Diego Pablo Simeone, el uruguayo es una pieza fundamental: “nunca le dejaría marchar. Ha mejorado en todos los aspectos, como futbolista, como líder, como persona”. “Necesitaríamos clonar a jugadores como Godín o Gabi. Los corazones de algunos de estos futbolistas transmiten tanta pasión a los compañeros, que los empujan en momentos de dificultad”.

Ha sido -y es- parte de una de las defensas más sólidas de Europa. Formó junto a Miranda y sus todavía compañeros Juanfran y Filipe Luis, el bloque que nadie se atrevía a romper. Ha superado en partidos disputados con la rojiblanca a jugadores tan importantes como Griffa, Madinabeytia o Filipe Luis. Pero no ha parado ahí. Cuando nadie pensaba que el título de jugador extranjero con más partidos le sería arrebatado a Luis Amaranto Perea: llegó él.

La afición quiere a Godín. Y Godín, haciendo honor a su segundo apellido, ha mostrado una lealtad y amor a unos colores que, sin haberse formado desde niño en las filas atléticas, es difícil de superar. El esfuerzo, la humildad, el trabajo, la fuerza y el sentirse identificado con las rayas rojiblancas en el Atlético de Madrid se valora por encima de todo. Y tú, uruguayo, te lo has ganado.


¡Prieta las filas!

Hace poco leí un texto que decía algo así como “a lo largo de tu vida podrás cambiar de ideología, de amigos e incluso de novia, pero jamás cambiarás el amor por tu equipo”. Y no hay una verdad que refleje mejor a la afición del Atlético de Madrid; son puro sentimiento. Temporada la que ha empezado sin duda rara, de cambios y con situaciones no fáciles de manejar tanto extra como deportivamente, pero con un grupo capaz de hacer que su afición no les deje caer ni un segundo.

“Si vas perdiendo, yo más te aliento” es una de las frases de un cántico que se escucha, ahora ya, en el Metropolitano. Y más, cuando hay un derbi en el horizonte. Porque si algo se le tiene que venir a la cabeza a los atléticos cuando se habla de un Atlético-Real Madrid es ese famoso partido de Champions en el Calderón “bailando bajo la lluvia”. Los que lo presenciaron, sobre todo, sabrán de lo que estoy hablando. De lo que aquella noche se vivió, se sintió y jamás se olvidará. Los que perdieron en el ámbito deportivo, ganaron en muchos otros. Y eso, en el Atleti no se cambia por nada.

Cualquier partido se vive con emoción, pero un derbi supera en muchos casos las expectativas. Los lunes son menos lunes cuando sabes que terminarás la semana disfrutando de ese encuentro, y no hay otra cosa que ocupe tu cabeza hasta que llega el momento de que el balón eche a rodar. En clase, en el trabajo, en el bar, sea donde sea hablas sobre qué once sacarán los entrenadores, cómo llegan los equipos, quién marcará antes, incluso te atreves a hacer porras con los amigos con el resultado final. Sin importar lo que ponga en el marcador cuando termine el partido, tienes claro que el lunes lucirás orgulloso, vayas donde vayas, los colores de tu equipo.

Si entramos en materia deportiva, los cara a cara de los jugadores sobre el campo son un clásico en este tipo de partidos. Si echamos la vista atrás, muchos recordarán aquel enfrentamiento Simeone-Michel, o uno de los más sonados de la historia de los derbis: el protagonizado por el ahora entrenador del Atleti con Raúl González. En los últimos años, tampoco han pasado desapercibidos momentos de tensión en el césped como los de: Arda-James, Diego Costa-Cristiano Ronaldo, éste último vs Koke, etc. Todos saben lo que significa un Atlético – Real Madrid y eso se refleja en el terreno de juego.

Los últimos resultados, si a derbis nos referimos, no favorecen al Atlético de Madrid. Pero si hay un grupo capaz de crecerse y superar las adversidades cuando nadie se lo espera, ese es el formado por los soldados de Simeone. Y, como no puede ser de otra forma en este tipo de partidos, y haciendo referencia a don Luis Aragonés, ahora más que nunca solo vale “ganar, ganar, ganar y volver a ganar”. Señores, la cuenta atrás para que se juegue el primer derbi en el Metropolitano ha comenzado. Prietas las filas.